La disposición expresada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que fabricantes chinos instalen plantas de producción en territorio estadounidense podría afectar a México, especialmente a la industria de autopartes y a las armadoras establecidas en el país.
El cambio en la postura de Washington reduciría el riesgo de que México sea señalado como un punto de entrada para vehículos chinos al mercado estadounidense, pero también modificaría la distribución de inversiones, proveedores y exportaciones dentro de Norteamérica.
Alberto Bustamante, director general de la Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz, explicó que las empresas chinas podrían llevar a sus propios proveedores a Estados Unidos o adquirir componentes directamente en ese país. Esto disminuiría una parte de la demanda que actualmente beneficia a fabricantes mexicanos de autopartes.
México concentra 44.7% de las importaciones estadounidenses de autopartes. Durante el primer semestre del año, ese intercambio representó 41 mil 520 millones de dólares, de acuerdo con cifras de la Industria Nacional de Autopartes citadas en el reporte.
El impacto también podría extenderse a las plantas de vehículos instaladas en México. Una mayor producción de automóviles chinos en Estados Unidos reduciría la participación de las armadoras mexicanas en ese mercado y, con ello, podría presionar los niveles de producción y exportación.
La competencia por los vehículos de bajo costo
Eric Ramírez, gerente para Latinoamérica de Urban Science, consideró que la entrada de fabricantes chinos a Estados Unidos responde a la pérdida de competitividad de la industria automotriz estadounidense, que enfrenta costos elevados de mano de obra, energía, infraestructura, impuestos y cumplimiento regulatorio.
Mientras los vehículos fabricados en Estados Unidos se ubican en rangos de entre 30 mil y 50 mil dólares, los fabricantes chinos podrían competir con modelos de menor precio. Esta diferencia ha incrementado la presión sobre las empresas estadounidenses y sobre las reglas comerciales de la región.
La posibilidad de producir vehículos chinos directamente en Estados Unidos también coincide con una mayor vigilancia sobre las inversiones asiáticas y con la revisión de las reglas del T-MEC. En ese proceso se prevé que Washington busque limitar el contenido chino en las autopartes utilizadas dentro de la región.
El antecedente de BYD en México
BYD manifestó previamente su interés por instalar una planta en México. Sin embargo, el proyecto no se concretó ante el temor de que la inversión provocara represalias comerciales o políticas por parte de Estados Unidos, incluso después de que la empresa negara que su objetivo fuera exportar vehículos al mercado estadounidense aprovechando el T-MEC.
La presión sobre México se mantiene porque el país funciona como una plataforma central para la fabricación de vehículos y componentes destinados a Estados Unidos. Si las automotrices chinas producen dentro del territorio estadounidense, la competencia podría trasladarse de las exportaciones terminadas hacia la captación de proveedores, inversiones y empleos especializados.
El resultado dependerá de las nuevas reglas de origen, los aranceles automotrices y las condiciones que establezcan ambos países durante la revisión del T-MEC. Por ahora, la industria mexicana enfrenta el reto de conservar su participación en el mercado estadounidense mientras compite con productores chinos dentro de la propia región.

