Corea del Sur atraviesa el último verano en el que todavía puede comercializarse legalmente la sopa de carne de perro, conocida como bosintang, antes de que el 7 de febrero de 2027 entre en vigor la prohibición de criar, sacrificar, distribuir y vender perros para consumo humano.
La medida, aprobada en 2024 con un periodo de transición de tres años, ha acelerado el cierre de restaurantes, granjas y negocios vinculados con una práctica que durante décadas estuvo asociada con los días más calurosos del verano coreano.
Un negocio tradicional en declive
En el callejón del bosintang del mercado Sinjin, en Seúl, solo permanecen abiertos dos restaurantes, de acuerdo con el reporte sobre la situación del sector. Una de las propietarias, una mujer de más de 70 años que ha dedicado más de cuatro décadas al negocio, expresó su preocupación por no contar con certeza sobre el futuro de su fuente de ingresos.
La sopa, cuyo nombre puede traducirse como “sopa nutritiva para el cuerpo”, está documentada desde la dinastía Joseon, que gobernó la península entre 1392 y 1910. Su consumo se relaciona tradicionalmente con el boknal, los tres días considerados los más calurosos del verano.
El Gobierno surcoreano identificó en 2024 a 2 mil 352 restaurantes que servían platillos con carne de perro. De ellos, mil 902 informaron que cambiarían de giro o de menú, mientras que 450 optaron por cerrar.
La ley entrará plenamente en vigor en febrero de 2027
La Ley Especial para poner fin a la cría, sacrificio y distribución de perros destinados al consumo establece que nadie podrá criar, reproducir o sacrificar perros con ese propósito, ni distribuir o vender su carne o alimentos elaborados con ella. Las sanciones pueden alcanzar tres años de prisión o una multa de hasta 30 millones de wones.
La legislación contempla un periodo de gracia para que los propietarios cierren o transformen sus negocios. El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Asuntos Rurales informó que en mayo de 2026 quedaban 272 granjas de perros, frente a las mil 537 registradas en 2024; mil 265 ya habían cerrado.
Persisten denuncias sobre las condiciones de las granjas
Organizaciones defensoras de los animales han denunciado durante años que muchos perros permanecían en jaulas de alambre, expuestos a temperaturas extremas y con enfermedades o lesiones sin atención. Activistas señalan que en las granjas que aún operan persisten problemas como enfermedades de la piel, afecciones oculares, desnutrición y deformidades en las patas.
El proceso de cierre también ha generado cuestionamientos sobre el destino de los animales. Datos gubernamentales citados en el reporte indican que cerca de 97 por ciento de los 393 mil 857 perros contabilizados en explotaciones cerradas fueron registrados como “expedidos”, una categoría asociada con su traslado a mataderos.
Mientras algunos establecimientos buscan sustituir la carne de perro por otros productos, como la de cabra negra, comerciantes cuestionan que la transición pueda dejar sin sustento a personas que han trabajado toda su vida en este sector. La entrada en vigor de la prohibición marcará el cierre legal de una actividad tradicional, aunque el debate sobre bienestar animal, costumbres y apoyo económico continuará en Corea del Sur.

