A 55 años de que el gobierno de Estados Unidos declarara una ofensiva nacional contra las drogas, el problema continúa representando un desafío de salud pública y seguridad. La Administración para el Control de Drogas (DEA), creada el 1 de julio de 1973, mantiene como misión combatir la producción, distribución y tráfico de sustancias ilícitas dirigidas al mercado estadunidense.
La dimensión sanitaria de esta crisis permanece visible en las cifras oficiales. En 2023 se registraron aproximadamente 105 mil muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos; cerca de 80 mil involucraron opioides, una cantidad casi diez veces mayor que la reportada en 1999.
Una estrategia bajo revisión
El modelo basado principalmente en la persecución y el decomiso ha sido acompañado por investigaciones sobre sus resultados, sus costos y los riesgos generados por determinadas operaciones. El crecimiento de las muertes por sobredosis ha mantenido el consumo de opioides y otras sustancias entre las principales preocupaciones de las autoridades estadunidenses.
Aunque las muertes por sobredosis disminuyeron en 2023 respecto de 2022, los opioides sintéticos, especialmente el fentanilo fabricado ilegalmente, continuaron representando una parte central del problema. En ese mismo año, las defunciones relacionadas con cocaína y estimulantes también registraron aumentos.
El antecedente de Fast and Furious
La cooperación bilateral también quedó bajo escrutinio por la Operación Fast and Furious, investigación desarrollada por la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) entre 2009 y 2011. Una revisión del inspector general del Departamento de Justicia concluyó que se permitió que compradores usados como intermediarios adquirieran armas que posteriormente fueron trasladadas a México, sin medidas oportunas para impedirlo.
El informe identificó fallas de supervisión, errores de criterio y riesgos para la seguridad pública en ambos países. También señaló que algunas armas vinculadas con la operación fueron recuperadas en escenas del crimen, incluido el caso del asesinato del agente fronterizo Brian Terry en diciembre de 2010.
El balance de más de cinco décadas muestra que la lucha contra las drogas no puede medirse únicamente por decomisos o detenciones. La persistencia de las sobredosis, el tráfico de armas y la necesidad de fortalecer la coordinación entre autoridades mantienen abierta la discusión sobre la eficacia y las consecuencias de la estrategia estadunidense.

